Llevar a un niño en el mundo es un milagro. Y afortunadamente, hoy en día hay avances que permiten conocer con más exactitud las condiciones en las que el bebé llegará al mundo. Un ejemplo es el test sanguíneo para detectar alteraciones en los cromosomas que acaba de llegar a nuestro país.

Hasta hace poco, la única posibilidad de detectar alteraciones cromosómicas como el Síndrome de Down o el Síndrome de Edwards era mediante la amniocentesis. Según las estadísticas, una de cada 250 embarazadas sufren un aborto como consecuencia de esta prueba. Así, se ha estado trabajando en un test de sangre capaz de detectar estas enfermedades sin que el feto sufra ningún riesgo.

A partir de la décima semana de gestación, la madre lleva en la sangre su ADN y, también, el del bebé. Los laboratorios Labco han sido los encargados de desarrollar esta prueba que puede detectar con un 99% de fiabilidad el Síndrome de Down, el Síndrome de Edwards y el Síndrome de Patau (éste sólo con un 89% de fiabilidad). Si la prueba sale positiva, el ginecólogo decide si es necesario realizar otra prueba para validar el resultado.

Aunque es una prueba muy fiable, no se recomienda a aquellas mujeres que han quedado embarazadas mediante la donación de óvulos. En el caso de mujeres con gestaciones múltiples, aunque no se ha validado su fiabilidad.

Actualmente, sólo ofrecen esta prueba los centros del Grupo Hospitalario Quirón-USP. Sin embargo, se prevé que a partir de enero del ofrezcan 50 centros médicos privados. Dado que su precio es de 700 euros, las autoridades de la sanidad pública no han decidido incluir la prueba en su presupuesto, aunque se espera que, con el tiempo, todo el mundo pueda disponer de este test sanguíneo.

Según la edad de la mujer y los antecedentes familiares de los progenitores, esta prueba puede ser muy recomendable.

Además, hay que tener en cuenta que evitaría, como hemos mencionado anteriormente, la posibilidad de abortos como consecuencia de la amniocentesis. Ahora sólo hace falta que, poco a poco, este test sanguíneo sea accesible a un mayor número de personas. Es decir, sería interesante incluirlo en la cartera de productos de la sanidad pública. Todos aquellos avances que suponen una mejora de la calidad de vida deberían ser accesibles para todo el mundo y el precio, sin duda, imposibilita a muchas personas beneficiarse.

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