Las cosas más importantes de la vida son, en muchas ocasiones, aquellas que no se aprenden en la escuela. A menudo, como padres, sobrevaloramos los conocimientos teóricos que nuestros hijos adquieren en la escuela y, contrariamente, dejamos de lado los conocimientos sobre la vida y las interrelaciones con el entorno que aprenden día a día en cualquier situación cotidiana. Actualmente, como consecuencia del elevado uso de las redes sociales y las nuevas tecnologías se han enfriado las relaciones humanas. Por eso es importante fomentar en todos los aspectos que nos sea posible. En este sentido, el hecho de tener contacto con animales puede ser el mejor complemento para el desarrollo de los pequeños de casa y para el día a día de los granos.

Crecer con una mascota

Una mascota es una responsabilidad, ya que supone cuidar de manera diaria y, por tanto, asumir unas tareas con el fin de aportarle bienestar. En el caso concreto de los perros y gatos, muchos expertos recomiendan que se adquiera un cachorro, ya que los pequeños lo ven como un ser indefenso que depende de ellos. Las responsabilidades que conlleva pueden ser diversas, desde el hecho de sacar el perro a pasear o cepillar al gato, hasta cuidar su alimentación e higiene.

Los animales nos permiten aprender.

De la misma manera que en los primeros años de escuela aprendemos como abrocharse los zapatos, los animales nos pueden ayudar a mejorar el proceso de aprendizaje de nuestros hijos estimulando el juego y el respeto por los demás seres vivos.

Nos aportan capacidad empática. El hecho de convivir con un animal con el que han asumido una responsabilidad hace que los niños aprendan a ponerse en su lugar, aprender cómo se debe tratar y educar y, además, a darse cuenta de que los demás también tienen necesidades afectivas. De esta manera, los pequeños se dan cuenta que ellos no son el único miembro de la familia con la capacidad de exigir, sino que su mascota, sus padres y sus hermanos también tienen derechos y obligaciones. En definitiva, aprenden a mostrar sus sentimientos y valorar a los demás miembros de la familia a través de la relación de dependencia que tiene la mascota con ellos. Es decir, dado que la mascota le ofrece recompensas a nivel afectivo, el niño concluye que con una conducta apropiada las recibirá también por parte de sus padres.

Ventajas de los animales en personas adultas

Aunque hay rumores sobre la posibilidad de que los animales curen enfermedades, los expertos afirman que no es así pero que, sin embargo, las terapias con animales ayudan a mejorar el estado anímico y físico de los pacientes. Por ejemplo, ya hay varios centros en la provincia de Barcelona que aplican la hipoterapia, un tratamiento médico que ayuda a mejorar problemas físicos y emocionales de pacientes que, muchas veces, no son autosuficientes. La hipoterapia es aconsejable para desde personas con Síndrome de Down hasta personas que sufren lesiones medulares, traumatismos o trastornos del estado anímico, así como trastornos del autismo.

En este sentido, la Universidad estadounidense de Missouri-Columbia demostró que acariciar nuestro perro entre un cuarto de hora y treinta minutos diarios disminuye la tensión arterial, la producción de la hormona del estrés (cortisol) y, incluso, ayuda a disminuir los estados anímicos depresivos. Por su parte, desde la Asociación Madrileña de Veterinarios de Animales de Compañía afirman que convivir con animales “disminuye la sensación de soledad […] y que su presencia provoca que nos sentimos menos tristes, más seguros y más protegidos “. El motivo es que, debido a que el bienestar de la mascota depende del cuidado que tengamos, nos sentimos necesitados y queridos.

Mascotas: una responsabilidad, miles de ventajas.

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